Artículos de Interés


¿Cual es la Importancia de la psicomotricidad infantil?

La psicomotricidad, como estimulación a los movimientos del niño/a, tiene como meta:

- Motivar la capacidad sensitiva a través de las sensaciones y relaciones entre el cuerpo y el exterior. - Cultivar la capacidad perceptiva a través del conocimiento de los movimientos y de la respuesta corporal.

- Organizar la capacidad de los movimientos representados o expresados a través de signos, símbolos, planos, y de la utilización de objetos reales e imaginarios.

- Hacer que los niños puedan descubrir y expresar sus capacidades, a través de la acción creativa y la expresión de la emoción.

- Ampliar y valorar la identidad propia y la autoestima dentro de la pluralidad grupal.

- Crear seguridad al expresarse a través de diversas formas como un ser valioso, único e irrepetible.

- Crear una conciencia y un respeto a la presencia y al espacio de los demás.
Esencialmente, la psicomotricidad favorece a la salud física y psíquica del niño, por tratarse de una técnica que le ayudará a dominar de una forma sana su movimiento corporal, mejorando su relación y comunicación con el mundo que lo rodea.

Está dirigido a todos los niños y niñas, normalmente de los 0 hasta los 7 años de edad, y en casos especiales está recomendado para aquellos que presentan hiperactividad, déficit de atención y concentración, y dificultades de integración en el colegio.

La psicomotricidad permite al niño/a explorar e investigar, superar y transformar situaciones de conflicto, enfrentarse a las limitaciones, relacionarse con los demás, conocer y oponerse a sus miedos, proyectar sus fantasías, vivir sus sueños, desarrollar la iniciativa propia, asumir roles y disfrutar del juego en grupo, y a expresarse con libertad.

¿Cuánto tiempo pueden ver la tele los niños?

Muchos padres se preguntan: ¿cuánto tiempo puede pasar mi hijo frente a la televisión? Según los últimos estudios realizados en EE UU, los niños pasan una media de 3 a 4 horas al día viendo la tele, cuando lo ideal sería que el tiempo de exposición no supere los 60 minutos diarios.

Para evitar que los niños pasen demasiadas horas frente al televisor, los padres debemos seleccionar programas específicos para ellos, que sean adecuados a su nivel de desarrollo. Y, sobre todo, es recomendable establecer ciertos períodos de tiempo en los que la televisión debe estar apagada. Así, las horas de estudio, que requieren un nivel de concentración y deben dedicarse al aprendizaje, no son para sentarse frente a la televisión mientras intentan hacer los deberes. Lo mismo debería ocurrir con las horas de las comidas, que son para conversar con otros miembros de la familia y no para mirar la televisión. Pero, si lo que pretendemos es que ellos sean responsables respecto al tiempo y a los contenidos que ven en televisión, también podemos enseñarles a usar la programación de la tele de una manera saludable y positiva. ¿Cómo? Viendo los programas con ellos, hablándoles sobre los valores positivos que se mencionan, señalándoles la conducta positiva de los personajes o rechazando la negativa como la violencia, realizando comparaciones con eventos reales o lugares que hayan visitado y siendo crítico con el papel de la publicidad y su influencia en las compras. Y no olvides que lo mejor es predicar con el ejemplo.

¿Porque debemos escuchar a nuestros hijos?

Muchos padres se preguntan: ¿cuánto tiempo puede pasar mi hijo frente a la televisión? Según los últimos estudios realizados en EE UU, los niños pasan una media de 3 a 4 horas al día viendo la tele, cuando lo ideal sería que el tiempo de exposición no supere los 60 minutos diarios.

Para evitar que los niños pasen demasiadas horas frente al televisor, los padres debemos seleccionar programas específicos para ellos, que sean adecuados a su nivel de desarrollo. Y, sobre todo, es recomendable establecer ciertos períodos de tiempo en los que la televisión debe estar apagada. Así, las horas de estudio, que requieren un nivel de concentración y deben dedicarse al aprendizaje, no son para sentarse frente a la televisión mientras intentan hacer los deberes. Lo mismo debería ocurrir con las horas de las comidas, que son para conversar con otros miembros de la familia y no para mirar la televisión. Pero, si lo que pretendemos es que ellos sean responsables respecto al tiempo y a los contenidos que ven en televisión, también podemos enseñarles a usar la programación de la tele de una manera saludable y positiva. ¿Cómo? Viendo los programas con ellos, hablándoles sobre los valores positivos que se mencionan, señalándoles la conducta positiva de los personajes o rechazando la negativa como la violencia, realizando comparaciones con eventos reales o lugares que hayan visitado y siendo crítico con el papel de la publicidad y su influencia en las compras. Y no olvides que lo mejor es predicar con el ejemplo.

¿Por qué dicen palabrotas y cómo debemos reaccionar?

Si nuestro hijo comienza a utilizar este tipo de palabras es importante conocer la finalidad que esconde, es decir, por qué las dice. Es posible que el niño utilice estos términos para:

* Imitar a los adultos y demostrar que ya es mayor
* Manifestar su enfado
* Llamar la atención
* Divertirse o por simple curiosidad
Aquí tienes algunas sugerencias para saber cómo actuar cuando ves que por la boca de tu hijo sale alguna palabra indeseable:
La actitud más correcta en casi todos los casos es no escandalizarse ni reírse y conservar la naturalidad. De esta manera la palabra pasará desapercibida e irá desapareciendo del vocabulario del niño.
Debemos ofrecerle palabras alternativas y enseñarle que existen otras maneras de decir las cosas. En vez de permitirle “esto es una caca” es mejor proponerle “esto no está bien hecho”, “esto está roto”, etc.
Cuando tu hijo utiliza una palabrota para insultar a alguien debemos intentar explicarle que hay otras maneras de referirse a las personas.
Podemos ofrecerle alternativas relacionadas con la situación que ha provocado el uso de un insulto. Por ejemplo, estamos en el parque. Un niño con varios juguetes no quiere prestar ninguno a nuestro hijo que, enfadado, llama “tonto” al niño. Nosotros podemos decirle que el niño no quiere prestarle las cosas porque son suyas, que eso no está demasiado bien y que nos parece que el niño “no es muy simpático”.
Si el niño expresa su enfado o su malhumor a través de alguna palabrota no adecuada podemos enseñarle a expresar sus sentimientos a través de otras vías: utilizar, con la misma carga emocional, marcadores o exclamativos tipo “oye”, “mira”, “ay”, “vaya”, etc.
De todas maneras, debemos medir el tipo de palabrotas que utiliza porque si se trata de palabras muy fuertes, éstas NUNCA deben ignorarse, ya que su uso puede provocar problemas de relación social, entre otras cosas porque será mucho más frecuente que imite palabrotas fuera de casa que en casa. Tenemos que estar preparados para reaccionar adecuadamente, y que tenemos que entrenarnos en casa para transmitir a nuestro hijo lo que es correcto y lo que no lo es.